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Gramíneas en Xeropaisajismo

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha convivido con las gramíneas. Esta amplísima familia vegetal ha acompañado a las tribus nómadas de diferentes rincones del planeta en sus desplazamientos en busca de espacios nuevos. Imaginamos que, en muchos casos, las praderas constituirían lugares más amables y seguros en contraste con las selvas y bosques amenazantes y, además, facilitarían las penosas labores de caza.

Ya el hombre primitivo conocía las propiedades alimenticias de muchas especies y poco a poco fue seleccionándolas y cultivándolas en áreas cada vez más amplias de su territorio. No es de extrañar, por tanto, que sintamos una inclinación afectiva hacia los paisajes poblados de espigas meciéndose ante la más leve brisa.

Bisontes en las grandes praderas  (Fuente:  blog retratos del mundo)

En los primeros jardines que se conocen y cuya esencia ha continuado hasta nuestros días, ya se buscaba diferenciarse del entorno salvaje para disfrutar de un espacio artificial y domesticado. Era muy común crear recintos amurallados dentro de los cuales se estuviera a salvo y se gozara de los placeres de la naturaleza sin tener que permanecer vigilante. Pero entonces, aún se tenía muy a mano las praderas, y los ganados, ya sedentarios, pacían a poca distancia de las casas.

Es en el momento en que parte de la población comienza a desplazarse hacia las ciudades, cuando la gente empieza a valorar y a volver a querer recrear ese tipo de paisajes. Los burgueses acaudalados, propietarios de mansiones en las afueras de las urbes, contratan a paisajistas para que las rodeen de campiñas, colinas, templetes y pequeños bosques. Estos paisajes estarían conformados, en su mayor parte por praderas de gramíneas más o menos recortadas por ganado doméstico. Posteriormente, hasta las viviendas más modestas se adornarían con reproducciones a escala de estos jardines. Nace el modelo de paisaje inglés que domina, hoy en día la mayor parte de los jardines del mundo occidental.

Ovejas pastando en un jardín inglés (Fuente: Jane Austen’s World Blog)

Este modelo ha prevalecido hasta nuestros días y, aunque no dispongamos de esas extensiones, seguimos insistiendo en diseñar jardines en los que el césped ocupa la mayor parte de la superficie.

Este tipo de paisajismo proviene de lugares en los que las lluvias son muy abundantes y resulta relativamente fácil hacer crecer la hierba. Pero es sabido que la evolución del cambio climático nos lleva a escenarios de muy escasas precipitaciones en los que se hará inviable regar con seis litros por metro cuadrado y día.

Es por esto que los planteamientos en el mundo de la jardinería han empezado a cambiar y ha nacido una nueva manera de enfocar el diseño: el XEROPAISAJISMO

Los jardines de césped empiezan a dar paso a lugares con mayor diversidad de propuestas, con especies más resistentes a las sequías y con tecnologías de riego más eficientes que aquellos aspersores lanzando al aire miles de litros por día.

Paralelamente a esto, ha ido iniciándose en Europa una nueva corriente de paisajismo a la que se bautizó como “new perennials”, movimiento “dutch wave”, jardín naturalista… que, básicamente propone una vuelta a la naturaleza menos domesticada. En este nuevo modelo de jardines se busca crear lugares que resulten bellos a lo largo de todas las estaciones. El uso de gramíneas combinadas con planta vivaz es la seña identificativa de estas corrientes.

Basta buscar imágenes de Piet Oudolf, Noel Kingsbury, Amalia Robredo o antecesores como Karl Forestier (este último bautizó su propia gramínea) para encontrarnos con paisajes que, aunque artificiales, resultan muy naturales y acogedores.

Esta corriente proviene del norte de Europa y, en ocasiones, resulta poco compatible con los paisajes mediterráneos en los que el matorral y las herbáceas se presentan en la naturaleza en forma de islas. Conviene, por tanto crear modelos nuevos. Adaptar la corriente naturalista a nuestro entorno, en el que contamos con ingredientes muy valiosos como, por ejemplo, la amplísima gama de planta aromática.

Si sumamos las ideas del xeropaisajismo con las nuevas tendencias, tenemos como resultado un nuevo estilo, muy recomendable para los jardines de nuestro territorio.

Si en los nuevos jardines holandeses o ingleses se combinan “borders” de plantas vivaces y gramíneas con praderas floridas, sin apenas dejar espacios libres, aquí bien podemos plantear diseños que, recordando las garrigas o maquias, alternen macizos compuestos por planta resistente a la sequía y hierbas vaporosas de luminosas espigas, con áreas de gravas y rocas o con praderas verdes de especies xerofitas. Podemos añadir muchísimas especies, muy interesantes desde el punto de vista estético y de bajo requerimiento (Euphorbia, Yucca, aromáricas, Agave, cactus…)

Jardines naturalistas: abajo: norte de Europa, arriba: mediterráneo. (Fuente:  elblogdelatabla.com)

Puesto que el denominador común es la familia Poaceae (y por extensión, plantas de similares características o “like grass” como muchas Cyperaceae) vamos a centrarnos en ellas describiendo, minuciosamente, cada una de esas características que las hace ideales para la nueva jardinería.

Sabemos que las praderas de césped también están compuestas por gramíneas, por lo que, en lo sucesivo, al hablar de gramínea, nos referiremos a gramíneas ornamentales, ya que, en futuras entradas de este BLOG, hablaremos de praderas de bajo consumo como alternativa al césped.

 

CAPTADORAS DE LUZ

Al igual que al contemplar un cuadro impresionista, nos maravillamos ante el efecto que producen esas pinceladas brillantes que tratan de resaltar el reflejo de la luz en los objetos, el jardín bien diseñado, genera en el observador emociones similares gracias a los reflejos, las sombras o los destellos que generan diferentes órganos de las plantas que lo componen.

La luz es el componente fundamental del jardín. Cuando los rayos solares inciden de manera más horizontal sobre este, casi siempre muestra una gama de matices mucho más amplia.

Se remarca el relieve, se destacan las texturas, se acentúan los colores y, las partes más delicadas de las plantas se suelen pronunciar con más ímpetu. Las cactáceas, por ejemplo, dejan ver toda su silueta al iluminarse sólo las espinas de los márgenes de esta en contraste con el resto de la planta, que queda ahora en la oscuridad.

(Fuente:  Desert City)

En estos momentos, también cobran especial importancia las gramíneas. Al ser sus inflorescencias generalmente tenues y compuestas por pilosidades, la luz queda atrapada en ellas como en una tela de araña. Las espigas se encienden como pequeñas antorchas deteniendo los rayos que, de otra forma hubiesen pasado de largo. Si se colocan estratégicamente, iluminaran espacios oscuros o sin otro interés o contrastarán con fondos más opacos.

Si, además, sopla la brisa, el espectáculo está asegurado.

Hágase la luz. (Fuente: hogarmanía)

Muhlenbergia capillaris “ardiendo” (Fuente:  El Blog de Ferpas)

 

TRANSPARENCIA. CELOSÍAS NATURALES

Muchas especies de gramíneas poseen espigas de gran tamaño, pero tan sutiles que permiten ver a través de ellas. Es el caso de la Stipa gigantea o, más tupida aún, la Muhlenbergia capillaris, que lo que atrapa además, son las sombras de los objetos que tiene cerca, como si de niebla se tratase. Esta característica posibilita crear divisiones dentro del jardín sin llegar a cerrar la vista como haría un arbusto. Posibilita, también, colocar elementos verticales sin impedir ver lo que hay detrás. Así, se están creando nuevas posibilidades en las tradicionales y rígidas borduras inglesas al permitir incorporar plantas más grandes en primer plano.

Stipa gigantea tapando sin tapar. (Fuente: Garden design eye)

La similitud con una fuente es evidente

 

COLOR, TODO EL AÑO.

Una de las características más celebradas de la familia Poaceae y sus amistades cercanas es que mantiene, durante casi todas las semanas del año, algún elemento que las hace interesantes. Si bien, durante algunos días de la primavera temprana, muchas de ellas son recortadas a ras de suelo, (este estado se ve compensado por muchas otras plantas del jardín que, en esa temporada ya están floreciendo) a partir de ese momento, comienza un vigoroso crecimiento que va a rellenar el espacio vacío y a poblarse de verdes inflorescencias. Durante el verano, las flores-frutos se van a agostar mutando el color hacia los tonos dorados. En Otoño e invierno disfrutamos de sus espigas recogiendo la luz y meciéndose al viento e, incluso, acumulando escarcha para rociar el paisaje de blancos brillantes.

Esta cualidad es muy apreciada por las nuevas hornadas de paisajistas. Una da las máximas del movimiento “New perennials” es que el marrón también es un color, o, dicho de otro modo, hay que tratar de garantizar  focos de interés a lo largo de todas las estaciones, y los dorados tonos de las gramíneas agostadas o durmientes en verano, otoño e invierno, son uno de estos focos.

(Fuente:  Fernando Ruz Blog; Photos: www.pensthorpe.com)

En los jardines contemporáneos y, especialmente en los xeropaisajes, es habitual el uso de gravas volcánicas y metales con tonalidades de color óxido. La combinación con Carex buchananii,  Festuca glauca… y cactáceas o planta mediterránea de tonos azulados resulta muy interesante.

Jardines de Piet Oudolf en la High Line de N.Y. (Fuente www.gardenista.com)

Cubierta vegetal de Desert City

 

Miscanthus  en otoño de Desert City

MOVIMIENTO. EL VALS EN EL JARDÍN

Queremos realizar un jardín en el que los cactus, con sus espectaculares floraciones y sus siluetas arquitectónicas tengan especial preponderancia. Además, incluiremos algunas especies de Agave y otras de Yucca, plantaremos unas cuantas palmeras y,  para completar el paisaje y proteger las raíces, cubriremos el suelo de acolchado a base de gravas volcánicas y rocas con las que moldearemos el paisaje. El resultado será fantástico, y disfrutaremos de buena parte de las sensaciones que un jardín debe proporcionarnos. Pero, quizás, adolecerá de cierto movimiento y el suelo resultará demasiado artificial. Un elemento que combina perfectamente con este tipo de paisaje son las gramíneas. Por una parte, al estar presentes en los hábitats reales de estas plantas, darán ese toque natural que estaba faltando, y, por otra, la flexibilidad de  sus tallos hará que se mezan al son de las brisas complementando o contrastando la rigidez de las cactáceas, agaves, etc

Otra cualidad, paralela a la del movimiento, es la del sonido que muchas gramíneas producen al ser agitadas por el viento. Hay que aprovecharla.

Contraste entre el movimiento de las espigas y la rigidez de las palas de la Opuntia de Desert City

Festucas acompañando a Agave parryi y otorgando naturalidad al lugar. Desert City

LAS REINAS DEL JARDÍN SOSTENIBLE

La sostenibilidad, necesaria en todos los aspectos de la vida en este siglo crítico para el planeta, ha entrado de lleno en el mundo del paisajismo. Ya, a casi nadie se le escapa que es necesario desarrollar cualquier actividad en nuestro entorno tratando de afectar lo menos posible a las futuras generaciones. Diseñar un jardín es, hoy en día, una tarea con un alto grado de responsabilidad que exige inteligencia para reducir el consumo de recursos como el agua o la energía a lo largo de su existencia. Las gramíneas poseen algunas cualidades que las hacen óptimas para ser usadas en el xeropaisajismo por razones de sostenibilidad.

La primera y más importante es que, en su mayor parte y una vez establecidas, son poco exigentes en cuanto a consumo de agua y fertilizantes se refiere. Es más, muchas de ellas preferirán suelos muy bien drenados para que no acumulen humedad.

Esto es así debido a que poseen hojas que han reducido al mínimo su superficie o que cuentan con pruinas o colores reflectantes para evitar una evapo-transpiración excesiva.

También, porque algunas poseen órganos de reserva de humedad o aprovechan la forma de macolla para evitar que escape. Otras también emplean el agostamiento estival a la espera de las lluvias otoñales.

Otra característica fundamental es que apenas son afectadas por las plagas, lo que reducirá de modo considerable la atención que se les dedica y el consumo de fito-sanitarios.

Las marras son también infrecuentes, ya que son plantas muy resistentes a condiciones adversas. Por un lado, resistentes al viento, lo que, además, las hace interesantes para lugares expuestos a este meteoro. Por otro, resistentes al frío: oscilan, las mínimas que soportan, entre los -20º y los -40º C. (Zonas 7/8 e inferiores para la mayoría de las más utilizadas en el paisajismo actual)

Advirtiendo que algunas especies se resiembran con cierta facilidad y habrá que estar atentos a posibles invasiones de áreas cercanas o a prohibiciones en zonas concretas, sólo resta añadir que las labores culturales para su mantenimiento son escasas o nulas.

 

MANEJO DE LAS GRAMÍNEAS

Plantación: en la mayoría de los casos admiten cualquier Ph, pero si son exigentes en cuanto al nivel de retención de humedad, prefiriendo suelos con capacidad drenante.

Conviene establecer marcos abiertos, ya que son plantas que lucen mejor de forma aislada o con cierta separación para que se aprecie bien la forma arqueada de sus espigas y hojas (forma de fuente)

Si se establecen en un área que se va a proteger con manta anti-hierbas, será conveniente dejar un margen para el crecimiento de la macolla.

Multiplicación: en algunos casos es posible dividir la mata periódicamente. Muchas, además, emitirán gran cantidad de semilla y será conveniente retirar aquellas plantitas nuevas que no nos interese dejar crecer.

Riego: al tratarse de una familia muy amplia, es difícil generalizar, máxime, si incluimos aquí aquellas “like-grass” como los carex, pero muchas de ellas admiten cierto grado de sequedad una vez establecidas, y una selección especial que adjuntamos al final de esta entrada, es especialmente recomendable para el xeropaisajismo.

Una buena opción para un riego eficiente es la de emplear tubo de goteros integrados formando una retícula que permita generar una lámina de agua accesible para todo el volumen de raíces de la macolla. Los nuevos tubos anti-raíces se pueden enterrar a unos 20/25 cms. de profundidad evitando pérdidas por evaporación directa del suelo.

Poda: habría que establecer aquí dos grandes bloques. Por un lado, aquellas plantas caducas como Miscanthus, Molinia, Penisettum…, que mantienen erguida su parte aérea en el periodo otoñal y hasta bien entrado el invierno a pesar de estar seco. En este bloque, segaremos al ras toda la que quede por encima de los primeros brotecillos verdes al principio de la primavera. Una buena y sencilla forma de hacerlo es atar fuertemente toda la parte aérea con cinta de embalar para, a continuación, recortarla. De esta manera evitaremos que se desperdiguen espigas que, luego, sería complicado recoger.

Si la parte aérea se seca en verano, como en el caso de las gramíneas mediterráneas, podremos eliminar esta parte seca durante el periodo estival, antes de que aparezcan los nuevos brotes en otoño.

Por otro lado, están las perennes, que habrá que manejar retirando solamente las hojas y flores secas.

Una de ellas, Nassella tenuissima, muy utilizada en xeropaisajismo, tiende a enmarañarse si no se “peinan” sus finas espigas para retirar las semillas. Esta labor se realiza cómodamente empleando una pequeña escobilla de varas metálicas.

 

SELECCIÓN DE ESPECIES ADECUADAS PARA XEROPAISAJISMO

Stipa gigantea

Stipa tenacissima o (sinónimo) Macrochloa tenacissima. Stipa spp.

Nasella tenuissima

Muhlembergia capilaris y M. rigens

Muhlembergia capilaris y M. rigens

Pennisetum Spp.

Pennisetum Spp.

Helictotrichon sempervirens

Festuca glauca

Lygeum spartum

Carex spp.

Cortaderia selloana

Raúl Sánchez Pérez

Jardinero en Desert City

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plantas xerofíticas

Dícese de las plantas adaptadas a condiciones de aridez, que han desarrollado adaptaciones para absorber, retener o impedir la pérdida de agua.

Festuca glauca
Festuca glauca

Perteneciente a la familia Poaceae, es originaria de Europa

Cultivo: Es una planta de fácil cultivo que tolera el corte y el pisado,

Riego: Es una planta muy tolerante a la sequía, por lo que es apta para su uso en xeropaisajismo

Exposición: Pleno sol

Temperatura: Tolera temperaturas muy bajas

 

Festuca glauca - xeropaisajismo

Florece a principios de Junio.